El sector agropecuario colombiano es uno de los principales motores de la economía nacional y un pilar fundamental de la seguridad alimentaria del país. De acuerdo con las cuentas trimestrales del DANE, aporta de manera sostenida entre el 10,5 % y el 11,4 % del valor agregado bruto de la economía.
Sin embargo, su ubicación geográfica en la zona intertropical lo expone directamente a la variabilidad climática de la cuenca del Pacífico, manifestada de forma cíclica a través del Fenómeno de El Niño. Cuando este evento climático se consolida, el campo colombiano enfrenta un desafío que pone a prueba la capacidad de adaptación de productores, instituciones y ecosistemas.
¿Qué es el Fenómeno de El Niño y por qué representa un riesgo para Colombia?
El Fenómeno de El Niño no es un evento aislado, sino un patrón climático recurrente caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este cambio modifica la circulación de los vientos alisios y altera la distribución de las lluvias a nivel mundial.
En Colombia, entidades como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y organismos internacionales como la NOAA monitorean constantemente su comportamiento mediante modelos dinámicos y estadísticos.
Históricamente, El Niño presenta una recurrencia de entre 2 y 7 años. Durante su fase de mayor intensidad, las probabilidades de sequías meteorológicas e incrementos significativos de temperatura en las regiones Andina, Caribe y Pacífica suelen superar el 80 %, convirtiéndose en un escenario previsible que exige planes permanentes de preparación y contingencia.
Impactos del Fenómeno de El Niño en la agricultura colombiana
El riesgo agrícola surge de la interacción entre la amenaza climática —altas temperaturas y déficit de lluvias— y la vulnerabilidad de los sistemas productivos, especialmente aquellos que dependen de las precipitaciones o cuentan con limitada infraestructura tecnológica.
Entre los principales impactos se encuentran:
- Estrés hídrico y térmico
Los cultivos transitorios y permanentes experimentan una ralentización de sus procesos fisiológicos. La alta radiación solar provoca el cierre estomático de las plantas, disminuyendo la eficiencia fotosintética y ocasionando daños en hojas y frutos.
- Disminución de los rendimientos
Según registros del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, los eventos intensos de El Niño han provocado reducciones cercanas al 5 % o más en los rendimientos agrícolas, afectando especialmente cultivos permanentes como café, palma de aceite, frutales y pasturas destinadas a la ganadería.
- Alteración de ciclos y aumento de problemas fitosanitarios
El incremento de la temperatura del suelo y del ambiente acelera los ciclos biológicos de plagas y enfermedades, incrementando la presión fitosanitaria y elevando los costos de producción debido a la necesidad de implementar mayores controles químicos o biológicos.
La importancia de prepararse frente al cambio climático
Esperar a que el desabastecimiento de agua sea crítico ya no es una alternativa viable. La preparación y la adaptación agroclimática son fundamentales para fortalecer la resiliencia del sector agropecuario.
Salvaguardar la seguridad alimentaria
Mantener una oferta estable de alimentos como arroz, maíz, plátano y tubérculos ayuda a reducir la volatilidad de los precios, protege el poder adquisitivo de los consumidores y disminuye el riesgo de desabastecimiento en comunidades vulnerables.
Proteger la sostenibilidad financiera del productor
La planificación agroclimática permite evitar siembras bajo condiciones desfavorables. El uso de calendarios meteorológicos y las recomendaciones de las Mesas Técnicas Agroclimáticas (MTA) facilitan la toma de decisiones, como modificar fechas de siembra o seleccionar variedades más tolerantes a la sequía.
Mejorar la eficiencia en el uso de los recursos
La implementación de tecnologías como sistemas de riego por goteo, microaspersión y reservorios para cosecha de agua lluvia permite optimizar el recurso hídrico y reducir la presión sobre las fuentes de abastecimiento.
La bioestimulación: una tecnología para fortalecer los cultivos
La bioestimulación agrícola se ha consolidado durante las últimas dos décadas como una de las tecnologías con mayor potencial para hacer frente a los efectos del estrés climático.
A diferencia de los fertilizantes tradicionales, que suministran nutrientes directamente a la planta, o de los pesticidas, que actúan sobre plagas y enfermedades, los bioestimulantes trabajan sobre la fisiología vegetal, favoreciendo procesos naturales que incrementan la eficiencia del cultivo.
Entre sus principales beneficios se encuentran:
- Mejor aprovechamiento de los nutrientes.
- Mayor tolerancia al estrés abiótico, como sequías o altas temperaturas.
- Mayor resistencia frente al estrés biótico ocasionado por enfermedades e insectos.
- Incremento en la calidad y productividad de los cultivos.
¿Cómo actúan los bioestimulantes?
Sustancias como los ácidos húmicos, ácidos fúlvicos, micorrizas y bacterias benéficas mejoran la estructura del suelo y facilitan la disponibilidad de nutrientes que normalmente la planta no podría absorber.
De igual manera, componentes como extractos de algas, aminoácidos y péptidos permiten que la planta optimice el uso de energía durante la síntesis de proteínas.
La combinación de minerales, fosfitos, hormonas vegetales (citoquininas, giberelinas y auxinas) y tecnologías basadas en silicio favorecen:
- Un mejor desarrollo radicular y foliar.
- El fortalecimiento mecánico de los tejidos vegetales.
- Mayor resistencia frente al ataque de hongos y plagas.
- La regulación de la transpiración y el equilibrio hídrico.
- Una mejor sinergia nutricional mediante la activación de transportadores en la raíz.
La apuesta de AGROMARK por una agricultura más resiliente
Como parte de su portafolio de soluciones agrícolas, AGROMARK promueve el uso de bioestimulantes de alto desempeño para apoyar a agricultores y ganaderos del Tolima, Huila y Caquetá en la protección de sus cultivos frente a factores climáticos como el Fenómeno de El Niño.
Actualmente ofrece la línea CORTEVA BIOLOGICALS, que incluye Stimulate, un bioestimulante trihormonal de aplicación foliar diseñado para optimizar el desarrollo integral de los cultivos, promoviendo la floración, el cuajado, la calidad de los frutos y el incremento de la productividad.
La línea también incorpora soluciones orientadas a la translocación de azúcares, activación radicular, manejo del estrés y procesos antioxidantes.
Asimismo, AGROMARK distribuye la línea de bioestimulación de SODIAK S.A., basada en la tecnología patentada SIKONBLEND, una fuente de silicio orgánico altamente estable, soluble y bioactivo que integra tres funciones principales:
- Bioestimulación.
- Nutrición.
- Protección vegetal.
A partir de esta tecnología y su combinación con algas marinas, aminoácidos, ácidos fúlvicos, cobre pentahidratado, fosfitos y diferentes macro y microelementos, se desarrolla una familia de siete bioestimulantes formulados para aplicaciones al suelo o vía foliar, orientados al desarrollo vegetal, la protección frente al estrés climático y el fortalecimiento de la resistencia natural de las plantas.
AGROMARK también cuenta con la línea de SAFER, empresa colombiana especializada en la producción de soluciones agrobiológicas, entre ellas microorganismos benéficos y extractos vegetales.
El Fenómeno de El Niño seguirá siendo una realidad climática para Colombia. Más que intentar predecir con exactitud el momento de su llegada, el verdadero desafío consiste en fortalecer la capacidad de adaptación del sector agropecuario y reducir, de manera estructural, la vulnerabilidad de los sistemas productivos.


